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Álvaro Valverde

    ”La poesía pertenece sin duda a la tradición del humanismo y queda indefensa ante la barbarie común”. Estas palabras del poeta polaco Czeslaw Milosz cobran nueva vida, si es que alguna vez la perdieron, ante los acontecimientos de violencia terrorista que acabamos de recordar, que nunca olvidamos, los que han inaugurado oficialmente el primer siglo del nuevo milenio, ése que se anunciaba como un tiempo distinto en lo que al comportamiento cívico, espiritual y moral de los seres humanos se refiere. Vemos, sin embargo, que la crueldad no cesa, que nunca termina esa violencia múltiple, no unidireccional, ejercida por unos contra otros, de múltiples y complejas maneras.¿Qué puede la poesía contra ella? ¿Qué fuerza es capaz de ejercer algo tan frágil, tan leve, tan misterioso, tan pobre? Y, sin embargo, no es necesario repetir la pregunta retórica de Adorno.

ÁV por Carlos Santiago

Foto: Carlos Santiago

Después de Auswitchz, después de Beirut, después de Sarajevo, después de Nueva York seguimos escribiendo poesía porque sólo ella puede salvarnos de tanto y tan pertinaz horror; porque sólo ella es capaz de poner en sintonía nuestra cabeza y nuestro corazón, los sentimientos con las ideas; porque sólo ella, en fin, acierta a mostrar a través de la belleza (que no es sino el comienzo de lo terrible) la verdad de nuestra humana, desvalida condición.

 

Áalvaro Valverde

Novedades

Territorio. Poesía reunida (1985-2025)

La redondez de una poesía completa expresa mejor este entusiasmo de ver toda una vida poética de cuarenta años recogida en un volumen de setecientas veintiséis páginas. Como dice Gonzalo Hidalgo Bayal en su espléndido epílogo, «esta poesía reunida ofrece una idea bastante clara y bastante amplia de cómo ha sido y cómo es la vida de quien la ha escrito, de cuáles son sus hábitos y sus costumbres, cuáles sus inclinaciones y sus intereses, cuáles, en fin, su concepción de la existencia, sus preocupaciones y su pensamiento» (pág. 695); y por esto mismo nos pone delante a ciertos lectores un escenario que hemos conocido desde su comienzo hasta el momento presente.

Poesía en Extremadura 2005-2024

Lecturas a poniente

Desde el 2 de mayo de 2005 he venido publicando en mi blog numerosas reseñas de libros. De poesía, sobre todo. Unas veces destinadas a él exprofeso y otras procedentes de distintos periódicos, suplementos y revistas, ya fueran digitales o de papel, donde colaboro. De esa ingente producción rescato ahora las dedicadas a obras de poetas extremeños. Todas. La amplia muestra, quiero explicar lo cuanto antes, no es, ni por asomo, una lista canónica ni tiene vocación preceptiva. Lo único que las define es el hecho, doblemente azaroso, de haber sido publicadas(no sólo concebidas, lo que suele pasar me siempre que leo un libro) y que sus autores sean extremeños de nacimiento o estén vinculados a Extremadura, como Andrés Trapiello o Carlos Medrano.
Con esta declaración de intenciones escrita en el umbral de su nuevo libro, Álvaro Valverde nos invita a adentrarnos, a través de su mirada personal, al panorama poético extremeño contemporáneo.
Lecturas a Poniente. Poesía en Extremadura(2005-2024) se convertirá sin duda en una obra fundamental para aquellos interesados en la poesía de poetas extremeños o vinculados a la región, y una lectura enriquecedora para cualquier amante de la literatura. A lo largo de sus páginas, Álvaro Valverde logra transmitirnos su pasión por la poesía lo que unido a su profundo conocimiento del tema hacen de este libro una experiencia de lectura amena y apasionante.

Lecturas a poniente
Antología poética (1989-2018)

Meditaciones del lugar

La poesía de Álvaro Valverde ha reflexionado largamente sobre el concepto de espacio, según la idea de composición de lugar que utilizó Valente para explicar el carácter meditativo de la obra de Cernuda, capaz de «aunar sentimiento y pensamiento» y suscitar «una reflexión encaminada a dar sentido a la experiencia». Así lo entiende José Muñoz Millanes, que reúne poemas situados en lugares concretos, ya sea un jardín cerrado de Plasencia, un interior cualquiera o la ciudad exótica de Tánger. Al fondo, «el locus amoenus, ese arquetipo de una naturaleza paradisíaca» que, no obstante, se encarna en el aquí y ahora.

Lo mismo que una imagen recuerda a alguna análoga y una sombra a la fresca humedad de otra estancia y un olor a una escena cercana por remota y esta ciudad a aquella habitable y distante, así, cuando la tarde se hace eterna y es julio todo expresa una múltiple, inasible presencia, y el agua es más que el filtro de lo que fluye y pasa y la luz más que el velo que ilumina las cosas y el viento más que el nombre de una oscura noticia.

Meditaciones del lugar
Escaparate

Libros

Uno de los dos reinos

Poesía y Paisaje

la poesía es también palabra en el espacio

En la poesía de Álvaro Valverde, según Javier Morales, siempre hay un espacio para la naturaleza. Autor de referencia en el actual panorama literario español, Valverde ha residido toda su vida en la ciudad del Jerte. ”Lo extraño, asegura, sería que en mis poemas no aparecieran árboles o pájaros”.

El cuidado del lenguaje, la búsqueda de la palabra precisa, la austeridad, tan presentes en su poesía, guardan una estrecha relación con la mirada que tiene Valverde hacia la naturaleza y se erigen en un contrafuerte contra las prisas. “Resistencia y poesía son conceptos que se llevan de maravilla”, asegura. Poeta reflexivo y meditativo, en su obra la naturaleza está muy presente.

”Mi vida está unida a la naturaleza desde que tengo uso de razón, y antes. Mis padres eran muy campestres. Cuanto circunda Plasencia (los valles del Ambroz y del Jerte, La Vera, Las Hurdes, Monfragüe…) han condicionado mi mirada, uno de los dos reinos, junto al de la memoria, decía Valente, donde se constituye el poeta. Lo extraño sería que en mis poemas no aparecieran árboles o pájaros. Siquiera sea a costa de que te califiquen de poeta ‘agropecuario’. Por aquí (a diferencia de lo que sucede en la lírica anglosajona, pongo por caso), se asocia modernidad a urbanismo, cuando en poesía lo que importa, al fin y al cabo, es el lenguaje. Será, claro, que uno, poco imaginativo, es incapaz de fingir y lleva a los versos su propia vida. Lo que siente y piensa. A ello habría que añadir mi obsesión por la noción de lugar. Acaso porque, con permiso de Machado, la poesía es también palabra en el espacio.”

 

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Uno de los dos reinos

Francisco Onieva lee 'Territorio'

LA HONDURA DE LO TRANSPARENTE

Reunir cuarenta años de creación poética es una decisión crucial y compleja, pues el escritor se enfrenta a la exigencia de revisar toda su producción. Además, supone una especie de reivindicación, que deviene en consagración cuando se materializa en una impecable edición de más de setecientas páginas aparecida en una editorial como Tusquets, dentro de su mítica colección Nuevos textos sagrados.
Más allá de la belleza física del volumen, sobrecoge la profunda coherencia y unidad de ‘Territorio (Poesía reunida 1985-2025)’. No son muchos los autores que pueden titular una obra de esta envergadura con el título de su primer libro. Valverde lo hace y muestra cómo en su ópera prima bullía la idea axial de toda su escritura: la identidad de un espacio que desborda la coordenadas geográficas y deviene en un ámbito literario a través del cual tantear el misterio de la existencia.
Como evidencias de estas cuatro décadas de creación ininterrumpida, el poeta placentino reúne los trece libros publicados y tres ‘plaquettes’, a los que añade un inédito, ‘Geografías del jardín’, además de siete poemas recuperados que aparecieron en di- versas publicaciones periódicas; sin embargo, decide eliminar gran parte de las composiciones que formaban su primer libro y los dos cuadernos siguientes, al considerar- las simples ensayos o tentativas.

Bajo el título de ‘Primeros poemas’, nos ofrece el primer poema en el que se reconoce, «Hojas de acanto y rosas», cuyo último verso, «Hagamos de este lugar un territorio», es toda una declaración de intenciones; y una exigente selección tanto de ‘Territo- rio’ (1985) como de ‘Sombra de la memoria’ (1986)y ‘Lugar del elogio’ (1987), donde están presentes ya algunos de sus ternas característicos: la mirada reflexiva, la melancolía, el arraigo a su tierra y la escritura como ámbito de la evocación. Sobre estos ejes temáticos articula ‘Las aguas detenidas’ (1988), con el cual inicia un proceso de depuración estilística que busca liberar a la pa-labra del barroquismo y de la influencia culturalista precedentes, al tiempo que aligera la sintaxis y la cadencia del verso blanco.

 

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Cristina Núñez

Entrevista

Diario HOY

Agrupa toda su obra en Territorio: Poesía reunida (1985-2025) que presenta este jueves a las 19.30 horas en la Biblioteca Pública de Cáceres
La primavera trae un acontecimiento literario de altura. Álvaro Valverde (Plasencia, 1959) reúne su trabajo poético de cuatro décadas en ‘Territorio: Poesía reunida (1985-2025)’ (Tusquets). Bajo el nombre de su primer libro, que contiene el célebre verso fundacional ‘Hagamos de este lugar un territorio’, compila una amplísima e ininterrumpida trayectoria en la que cuenta con hitos como el premio Loewe en 1991 por ‘Una oculta razón’. La obra incluye también un poemario inédito ‘Geografías del jardín’, escrito durante la pandemia. «El resultado es una poesía a la que no dejamos de volver porque es hospitalaria y se deja habitar; una poesía que nos habla en tono de confidencia de eso que pasa ante nosotros y a menudo no percibimos, real como la vida misma», glosa el crítico Jordi Doce.
Este jueves se presenta a las 19.30 en la Biblioteca de Cáceres, en donde Valverde estará acompañado del profesor de la UEx Miguel Ángel Lama y la también profesora y poeta Irene Sánchez Carrón. Se trata de una nueva cita organizada por el ‘El aula de la palabra’ de la asociación Norbanova.
–¿Cómo se ve 40 años después de la publicación de ‘Territorio’?
–El verano pasado di el apretón final antes de la publicación de este libro y había que decidir retocar algún poema, eliminar alguno y hacer esa constante relectura a la que nos sometemos los poetas. Ha sido bastante duro, porque te enfrentas a poemas que escribió alguien que tú reconoces relativamente, porque todos vamos cambiando en la vida. Es verdad que yo he mantenido una voz, una línea, un tono a partir de ‘Una oculta razón’ que no ha variado grandemente. Se ha ido depurando, comprimiendo y eliminando al máximo todo tipo de adorno y de retórica, pero al fin y al cabo hay lo que la crítica señala como coherencia. Y una vez que sale el libro y que se pone en la calle en manos de los pocos o muchos lectores también hay una especie de bajón, porque uno se enfrenta a lo que ha hecho y no sabe realmente su valor, eso tiene que ser la crítica o los lectores quienes lo validen.
 
–¿Siente que ha traicionado a ese poeta de veintipocos años que publicó ‘Territorio’?
–No, la evolución ha sido hacia lo positivo y en ese sentido me siento ciertamente aliviado. Del libro primerizo de aquel poeta demasiado joven he eliminado partes porque no me siento identificado. De los últimos libros los retoques han sido muy pequeños porque me he sentido seguro.
–Volver hacia esa poesía del pasado y de alguna forma limpiarla no deja de ser un ejercicio de humildad.
–Sí, en esto de la poesía el que no se empeñe en ser humilde es un auténtico loco. En este género (que Antonio Gamoneda duda que sea un género) estás enfrentado a ti mismo irremediablemente. No es solo que mi poesía sea bastante autobiográfica, sino que uno está ahí y no ha encontrado otra manera de conocer el mundo que le rodea, así que hay que tener mucha humildad. Y es verdad que yo no soy un Juan Ramón o una Pureza Canelo, yo no soy capaz de reelaborar y de reescribir constantemente lo que he escrito. Son detalles, palabras, un verso, un título, una cosa muy menor.
 
–Una cosa es la creación como tal y otra la publicación, los premios, todo ese mundo que rodea lo literario. ¿Cómo lleva esa parte de su oficio?
–Los críticos, algunos premios en su momento (yo desde 1993 no me presento a premios, considero que hay que dejar el paso a los que son jóvenes), antólogos, familia que te permite dedicarte a esto, ensimismarte…todo eso son pequeños pasos que suman. Poetas hay más que piedras, pero qué pocos llegamos en una edad provecta en esto de la poesía. Yo he tenido suerte. Son pocos premios pero premios significativos los que tengo. El Meléndez Valdés (que logró en 2018) se ha concedido ahora a un poeta excelente que es Abraham Gragera. Es un premio que te dan, que no te presentas, que son los que gustan.
–Fue director de la Editora Regional. ¿Ciertas labores administrativas o de gestión cómo se compaginan con la creación?
–Estuve desde 2005, tras la muerte de Fernando Tomás Pérez, otro de mis editores, y hasta 2008 que llega Luis Sáez. Yo pude dedicarme a buscar qué libros editar y a seguir editando los que ya estaban previstos por mi antecesor, porque yo pretendía mantener el gran nivel que él había logrado. Fueron unos años apasionantes, es verdad que me rozaba la parte política y que yo estaba al servicio de un consejero y de unas obligaciones, pero resultó una tarea apasionante.
–¿Cómo está Extremadura en lo que pudiera llamarse alta cultura y en la poesía?
–Estamos bien. Me apena que en las dos últimas antologías de poetas del siglo XXI ( ‘El tiempo está cambiando’, de la colección Vandalia y ‘Un estallido’ en Cátedra), no haya ningún poeta extremeño. Desde los 80 para acá el nivel no ha decaído, estamos en el panorama nacional, indiscutiblemente, en lo que a poesía se refiere, muy bien, y hay antologías como la de Dionisio López (‘Los Últimos del Oeste’), que lo ponen de manifiesto. El libro de crítica que saqué, ‘Lecturas a poniente’, de la Editora hace dos años demuestra que el nivel es alto. Extremadura no tiene por qué sentirse acomplejada.
–¿Cuáles son en su opinión los hitos que han contribuido a ello?
–Hubo un primer estirón con el presidente Rodríguez Ibarra y el consejero Paco Muñoz para mí imprescindible. La Editora Regional ha sido capital en todo ese proceso porque suele ser el sitio en el que publican sus primeros libros los poetas o narradores extremeños. Las aulas literarias de la Asociación de Escritores que puso en marcha Ángel Campos también fueron un hito fundamental y también podemos extendernos a lo que tiene que ver con el arte, fundaciones, museos, porque la poesía no está aislada. Los que empezamos en los 80 no teníamos tantos referentes, con todo mi respeto a Delgado Valhondo, Pacheco o Lencero. Santiago Castelo o Pureza Canelo eran poetas importantes pero estaban fuera.
Cristina Núñez
Diario HOY
Cáceres, 16 de abril 2026.

En Yuste. Foto: Salvador Retana.

Álvaro Valverde

alvabe@gmail.com